Hora Santa en reparación a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Jesús en la custodia 9

         Inicio: iniciamos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en honor a la Preciosísima Sangre de Jesús.

         Canto inicial: “Sagrado Corazón, Eterna Alianza”.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

         Enunciación del Primer Misterio del Santo Rosario (Misterios a elección)

         Meditación.

Jesús, Tu Sangre Preciosísima Sangre brotó de tu Cabeza, cuando tu cuero cabelludo fue lacerado en la crudelísima coronación de espinas, la cual se repitió por tres veces. Las gruesas, duras y filosas espinas de la corona, laceraron y desgarraron todo el cuero cabelludo, sin dejar parte sana, llegando a abarcar incluso el cuello, las orejas y la frente, alcanzando incluso en profundidad hasta los huesos de la bóveda craneal. La Sangre derramada de tu Cabeza herida por las espinas es tan abundante, que semejan a esos ríos de montaña que se desbordan de sus cauces… Pero no es agua, sino tu Sangre, y no corre por praderas y valles, sino que de tu Cabeza, desciende por tu frente, por tus ojos, por tus oídos, por tu nariz, por tus labios, por tus pómulos, por tu barbilla. Con la Sangre que brota de tu Cabeza, expías nuestros malos pensamientos y nos concedes tus pensamientos santos y puros; con la Sangre que inunda tus ojos, expías nuestras malas miradas, y nos concedes contemplar el mundo y las creaturas como Tú las contemplas desde la cruz; con la Sangre que inunda tus oídos, expías las veces que hemos escuchado malas conversaciones y nos das la gracia de escuchar sólo conversaciones santas, que conduzcan al cielo; con la Sangre que inunda tu nariz y tus pómulos, expías los pecados de los sentidos y nos concedes la gracia de la pureza de cuerpo y alma; con la Sangre que inunda tus labios, expías nuestras malas conversaciones, y nos das la gracia de tener conversaciones santas, de alabanzas a Dios y amor al prójimo.                  

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Enunciación del Segundo Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

Jesús, la Sangre brota abundantemente de tu Mano izquierda, luego de ser perforada por un grueso clavo de hierro, al traspasarla de lado a lado, fijándola al leño horizontal de la cruz. El hierro del clavo ha horadado la piel, ha desgarrado los músculos, ha lesionado nervios y seccionado arterias y venas, provocándote dolores intensísimos y una abundante hemorragia. El dolor es agudo y lancinante, pero ni una queja sale de tus labios, porque con el dolor sufrido y ofrecido, nos redimes y nos abres las puertas del cielo. Jesús, por tu Sangre Preciosísima derramada en tu Mano izquierda, expías nuestros pecados de violencia de todo tipo, cometidos contra nosotros mismos, desde las auto-agresiones leves, hasta el suicidio, y las agresiones cometidas contra el prójimo, ya sean las agresiones morales o verbales, que finalizan en la muerte social de nuestros hermanos, o las agresiones físicas de cualquier clase, que finalizan en la muerte corporal de nuestros hermanos. Jesús, con tu Sangre derramada en la Mano izquierda, expías la sed de sangre irrefrenable desatada en el corazón del hombre a causa del pecado original, y no solo apagas esa sed diabólica, sino que le concedes otra sed, una sed de justicia y de amor por su prójimo, de manera tal que a partir de tu Santo Sacrificio, y por la Sangre de tu Mano izquierda, ya no solo no la levantará para agredir y herir a su hermano, sino que la levantará solo para ayudarlo, para bendecirlo, para acariciarlo, para compadecerlo, para acompañarlo, porque serás Tú quien con su misma mano acariciarás a su prójimo.

Silencio para meditar.

         Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Enunciación del Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Jesús, la Sangre brota de tu Mano derecha, luego de ser perforada por un grueso clavo de hierro, que la traspasa de lado a lado; el clavo te provoca un agudísimo dolor, porque luego de lacerar la piel y de desgarrar tejidos y músculos, atraviesa el gran nervio mediano, provocando la contracción de los dedos anular y pequeño y la extensión de los restantes, dando así, con el dolor, testimonio de la existencia de la Santísima Trinidad; pero el clavo provoca también la sección de grandes vasos sanguíneos, arteriales y venosos, los cuales hacen manar abundante Sangre; con esta Sangre, Jesús, expías nuestros pecados de idolatría, nuestros pecados cometidos toda vez que, en vez de adorarte a Ti en la Eucaristía, preferimos adorar a los ídolos neo-paganos del mundo de hoy, la Nueva Era, la brujería, el fútbol, la política, la cultura, la música, la diversión, el dinero, la materia, la violencia, y todo lo que nuestra mente y nuestro corazón inventa para ponerlo en tu lugar, para sustituir y posponerte a Ti, Único Dios Verdadero y el Único Dios que merece ser adorado “en espíritu y en verdad”.

Silencio para meditar.

         Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Enunciación del Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Jesús, tus pies son perforados por un grueso clavo de hierro, que los fija al patíbulo de la cruz, haciendo brotar ríos de roja y fresca Sangre, que bajando por el leño llegan hasta la base de la cruz y empapan la tierra, formando un gran lago sanguinolento que no tarda en agrandarse de a ratos, con los aportes de nuevos afluentes, igual que hace un lago con los ríos que bajan de la montaña. Jesús, con la Sangre que fluye de tus doloridos pies, expías los pecados cometidos por nuestros pasos dirigidos en dirección al mal y nos concedes la gracia de dirigir nuestros pasos en la dirección opuesta, el Camino del Calvario; con la Sangre que brota de tus pies, nos obtienes la gracia de encaminarnos hacia el cielo, por el Via Crucis, el Camino que conduce al Paraíso, por el seguimiento de tus pasos ensangrentados; por la Sangre que brota de tus pies, tenemos fuerzas para no solo apartar nuestros pies de los caminos que conducen a la eterna perdición, sino que encontramos fuerzas para dirigir nuestros pasos en tu seguimiento, cargando la cruz de cada día, marchando detrás de ti, por el Camino Real de la Cruz, el Único Camino que es Verdad, Luz y Vida, el Único Camino que conduce al Cielo.

Silencio para meditar.

         Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Enunciación del Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Jesús, ya has dado tu último suspiro; el soldado romano ha traspasado tu Corazón, pero tu Corazón, a pesar de que ha dejado de latir, sin embargo, milagrosamente, deja fluir Sangre y Agua, y con la Sangre y el Agua, fluye el Espíritu Santo, el Amor Divino, el Amor de Dios, la Divina Misericordia, que inunda nuestras almas. La Sangre que brota de tu Sagrado Corazón traspasado, convierte nuestros cuerpos en templos en donde inhabita y reposa la Dulce Paloma del Espíritu Santo, al mismo tiempo que no solo lava las iniquidades y perversidades de nuestros corazones, sino que los transforma en altares en donde se adora a Jesús Eucaristía.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).         

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

 

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