Hora Santa en honor a la Santísima Trinidad

Jesús en la custodia 9

         Inicio: iniciamos esta Hora Santa y rezo del Santo Rosario meditado, en honor a la Santísima Trinidad.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

         Canto inicial: “Cristianos, venid; cristianos llegad”.

         Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Enunciación del Primer Misterio (Misterios a elegir)

         Meditación.

Te adoramos, Dios Padre, Persona Primera de la Santísima Trinidad, porque creaste el mundo visible y el invisible, los ángeles, para nosotros, los hombres, y nos hiciste reyes de la Creación, colocando en nuestras cabezas la corona de tu imagen y semejanza, la inteligencia, la voluntad y la libertad, y cuando por el pecado original arrojamos esa corona por el suelo, despreciando tus dones y rechazando tu amistad, al preferir escuchar la voz de la Serpiente Antigua, no solo no nos abandonaste en nuestra soberbia y arrogancia, como lo merecíamos, sino que nos prometiste el envío del Mesías, tu Hijo muy amado, Cristo Jesús, quien habría de nacer de María Virgen, para aplastar la cabeza de la Serpiente, nos borraría la mancha del pecado, nos daría su Cuerpo y su Sangre en la cruz y en la Eucaristía y nos donaría su ser Hijo de Dios, para adoptarnos como hijos tuyos y así llevarnos al cielo, luego de terminado el exilio en esta vida terrena. Por esta grandeza inconcebible e inimaginable de tu Amor, te adoramos, te bendecimos, te amamos y te exaltamos, en el tiempo de nuestra vida terrena y, por tu misericordia, esperamos continuar adorándote y amándote por la eternidad, oh Dios Padre, Persona Primera de la Trinidad amabilísima, Fuente de toda santidad, de todo amor, de toda paz, de todo bien, de toda gracia. Amén.

Silencio para meditar.

         Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

         Enunciación del Segundo Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

Te adoramos, Dios Hijo, Persona Segunda de la Santísima Trinidad, Verbo Unigénito del Padre, Palabra Eternamente pronunciada por el Padre, que llevado por el Divino Amor, desde el seno del eterno Padre, te encarnaste en el tiempo, en el seno de la Virgen Madre, para así poder tener un Cuerpo para ofrecer en expiación por nuestros pecados, en el Santo Sacrificio de la Cruz. Te adoramos, oh Verbo de Dios Encarnado, Jesucristo, Sabiduría del Padre, que sufriste dolores inenarrables, morales, espirituales y físicos, desde tu Encarnación, y durante toda tu Pasión, para salvarnos de la eterna condenación, para perdonarnos los pecados, para concedernos la divina filiación, y para conducirnos la Reino de los cielos, al finalizar nuestro peregrinar por la tierra. Te adoramos, oh Verbo de Dios hecho Hombre, porque continúas y prolongas tu Encarnación, tu sacrificio en cruz y tu resurrección por medio del misterio litúrgico de la Santa Misa, para donarte a nuestros corazones como Pan Vivo bajado del cielo, como Pan de Vida eterna, como Verdadero y Único Maná bajado del cielo, que nos alimenta con la Vida eterna del Ser trinitario que nos posibilita atravesar el desierto de la vida y del mundo para llegar al Reino de Dios, en la Jerusalén celestial. Amén.

Enunciación del Tercer Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

Te adoramos, Dios Espíritu Santo, Persona Tercera de la Santísima Trinidad, Persona-Amor que une al Padre y al Hijo en el Divino Amor, por toda la eternidad; Tú eres la Causa Primera y el Motor de la Encarnación, porque fue por Amor que el Padre envió a su Hijo a salvarnos; fue por Amor que el Hijo obedeció a Dios Padre y se encarnó en María Santísima; fue por Amor que la Virgen Madre dio su “Sí” al plan de salvación de Dios Trino para la humanidad. Te adoramos, te alabamos, te bendecimos y te amamos con todo el corazón, Dios Espíritu Santo, porque por Amor, la Santa Iglesia prolonga, perpetúa y actualiza, por el misterio eucarístico, el sacrificio de la cruz, convirtiendo al altar eucarístico en un Nuevo Monte Calvario, en donde el Hombre-Dios renueva, cada vez, de modo incruento y sacramental, su sacrificio de la cruz, obrando sobre el altar lo mismo que en la cruz: entregando su Cuerpo en la Eucaristía y derramando su Sangre en el Cáliz. Te damos gracias, y te adoramos, oh Espíritu Santo, porque inhabitas en el Sagrado Corazón Eucarístico en forma de llamas de fuego, y con esas llamas de fuego son con las que Jesús quiere incendiar nuestros corazones en el Divino Amor, cada vez que comulgamos la Sagrada Eucaristía. Amén.

Silencio para meditar.

         Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

         Enunciación del Cuarto Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

Te adoramos, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios Uno y Trino, Tri-Unidad de Personas Divinas, porque eres el Único Dios Verdadero, el Único digno de ser adorado, bendecido y amado, en el tiempo y en la eternidad; a Ti te pertenecen, Dios Trino, todo el poder, la honra, la gloria y la majestad, y la felicidad del hombre está en conocerte, amarte, servirte, alabarte y adorarte, ofreciéndote el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor y Redentor, Jesucristo, el Hombre-Dios Hombre, y no hay dicha más grande ni gozo más profundo que el adorarte, amarte, honrarte y darte gracias, ofreciéndote el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Cordero de Dios, Jesucristo el Señor, y quien esto no hace, aunque esté rodeado de riquezas materiales y de placeres terrenos, es sumamente desgraciado y desdichado. Te adoramos, te bendecimos, te honramos y te glorificamos, oh Dios Uno y Trino, por ser sol Quien Eres, Dios de inmensa e infinita majestad, bondad y santidad, y porque nada hay digno de Ti y de tu infinita grandeza, sino solo la Eucaristía, Nuestro Señor Jesucristo, para honrarte y adorarte como es debido, te ofrecemos el Cuerpo Sacramentado de Jesús, el Pan Vivo bajado del cielo, en acción de gracias y en expiación por nuestros pecados, y en adoración por ser Quien Eres, y te lo ofrecemos junto al Inmaculado Corazón de María, con todos los actos de amor a Ti en él contenidos. Amén.

Silencio para meditar.

         Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

         Enunciación del Quinto Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

Te adoramos, Dios Uno y Trino, y te damos gracias, por habernos dado a la Virgen María, la Madre de Dios, como Madre Nuestra; te adoramos, Dios Padre, y te damos gracias por habernos dado a tu hija amada, María Santísima, para que fuera la Madre de Nuestro Redentor; te adoramos, Dios Hijo, Jesucristo, y te damos gracias porque nos diste como Madre Nuestra a tu Madre, desde la cruz, para que nos adoptara como hijos y nos cubriera con su manto y nos refugiara en su Inmaculado Corazón; te adoramos y te damos gracias, Dios Espíritu Santo, porque nos diste a tu Esposa Castísima, la Virgen María, para que nos cuidara como a sus hijos pequeños a lo largo del Via Crucis de esta vida y nos alimentara con el fruto de sus entrañas, el Pan de Vida Eterna, Cristo Jesús.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

         Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

 

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